¿Qué ha provocado la COVID-19 en nuestro estado de ánimo?

Posiblemente todos somos conscientes de cómo ha cambiado nuestra vida a lo largo de este año a causa de la COVID-19. Mascarilla, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, límites de aforo; Restricciones con respecto a cuándo salir a la calle, restricciones con respecto a con quién quedar a tomar algo, restricciones con respecto hasta dónde me puedo desplazar. Restricciones, restricciones, restricciones… Pero, ¿somos igual de conscientes de cómo afecta todo esto a nuestro estado de ánimo?

Las pequeñas cosas que antes nos devolvían esas ganas de vivir cuando estábamos de bajón han ido restringiéndose hasta el punto de casi desaparecer. Si antes tenías un mal día, podías juntarte con tu grupo de amigos sin necesidad de contar cuántos sois ni si muchos de ellos se pueden desplazar hasta donde habéis quedado. Si querías hacer ejercicio, podías salir a correr, andar o machacarte en el gimnasio sin una mascarilla que te dificultase respirar o sin quedarte fuera de tu clase favorita por el límite de aforo. Visitar a tus abuelos y merendar con ellos no era un riesgo si no una bendición que mejoraba cualquier mala racha que estuvieras pasando. Y si alguien que quieres rompía a llorar podías abrazarle sin necesidad de pensar antes en si debías de hacerlo o no.

Todo esto mantenido en el tiempo puede producir apatía, bajo estado de ánimo, pérdida de motivación o disminución de la capacidad para sentir placer, entre otros. Y es entonces cuando se hace necesario forzar la máquina y adaptar esas pequeñas cosas a nuestra nueva realidad. Cambiar nuestras expectativas y el “ya no es lo mismo que antes” a “¿cómo puedo hacerlo posible ahora?”. Salir a tomar algo con los 4 “de siempre” en vez de centrarme en “quien no puede venir”. Montar el gym en casa sin la preocupación de que te vean hacer los ejercicios mal o de que se te vayan de las manos esos “bailecitos” o poses post-entreno. Llamar a tus abuelos el doble de lo que lo hacías antes y darte cuenta de que incluso ahora mantenéis más el contacto. Abrazar a ese ser querido de espaldas o por las rodillas y que el llanto pase a convertirse en risa de lo ridículo de la situación.

No podemos controlar directamente el tiempo que nos queda viviendo bajo estas circunstancias, pero sí el modo en el que las afrontamos. Recuerda que el primer paso es cambiar en foco ya que no siempre se puede cambiar el problema.

Y si a pesar de ser consciente de ello notas que no eres capaz de volver a ser tú mismo/a o no sabes cómo hacer que funcione, ponte en contacto conmigo y te diré cómo podemos trabajar en ello.